Hace
más de 20.000 años que el hombre de las cavernas pintaba
las paredes de sus cuevas utilizando la pintura que él mismo
se preparaba. Tenía la necesidad de expresar sus sentimientos,
por lo que pintaba animales y otros elementos. En muchas ocasiones también
pintaba escenas de caza y los acontecimientos más relevantes
de su entorno. Como ya se ha descrito en infinidad de ocasiones, las
pinturas rupestres más antiguas se hallan en las Cuevas de Altamira
(España) y Lascaux y Font Gaume en el sur de Francia. También
se encuentran pinturas de animales en el norte de Australia en Aurtherland,
cuya antigüedad se sitúan en 5.000 años.

Uno
de los primitivos impulsos del hombre es hacer uso del color. En sus
tempranos esfuerzos estéticos, los materiales con los que trabajaba
eran escasos, pero incluso 2.000 años antes de Cristo desarrolló
en Europa y África una técnica propia.
Arqueólogos y antropólogos han descubierto cavernas pintadas
con dibujos en color, grabados en la piedra, y que habían sido
pintados en la edad glaciar. Algunos de estos dibujos eran monocromáticos
y pintados con óxidos de hierro naturales, ocre o rojo.

Otros
artistas paleolíticos usaban colores hechos con cal, carbón
vegetal, ocres amarillo y rojo y tierra verde (ocre verde). La técnica
empleada era simple.
Unos
años más tarde, el hombre utilizaba la pintura para decorar
las paredes de sus viviendas. Hace más de 4.000 años que
los egipcios ya utilizaban recubrimientos de temple a base de caseína,
huevos, agua, goma arábiga y pigmentos minerales, óxidos
de hierro, malaquita verde, amarillos a base de trisulfuro de arsénico,
etc., es decir, sentían la necesidad del color en su medio de
vida, fenómenos que afortunadamente también se producen
en nuestros días. pues por suerte estamos rodeados de color por
todas partes.
400
años antes de Cristo, en Japón se fabrican lacas muy apreciadas,
y lo hacían con las primeras resinas fenólicas conocidas:
la savia de un árbol, el "Rus Vernicifera".
Hace
unos 2.500 años Plinio el Grande produjo posiblemente uno de
los primeros pigmentos sintéticos, era el plomo blanco, que se
obtuvo haciendo reaccionar vinagre con plomo.
La
primera guía de pinturas se publicó 800 años antes
de Cristo. Posteriormente, un monje llamado Teofhilus, ya describía
la disolución de resinas molidas en aceite caliente secante,
en uso en aquellos tiempos.
Hay
una gran historia que contar, pero cuando empezó verdaderamente
la revolución, fue a mitad del siglo XIX, con la aparición
de las resinas sintéticas.

El
primer éster polimerizado fue descubierto, accidentalmente por
Berzelius en 1.847, calentando glicerina y ácido tártico.
En 1853 Berthelot preparó glicerina con ácido canfórico.
En 1901 Smith hizo reaccionar ácido ftálico con glicerina,
formando el ftalato de glicerilo que dio paso a las primeras resinas
alquídicas pero, éstas no eran solubles en disolventes.
También en 1912 ya se usaban las resinas de fenolformaldehído
para aislamientos eléctricos (Bakelite marca de Unión
Carbide). La General Electric investigó sobre dichas resinas
alquídicas y fue la que patentó varias de ellas en los
años 1.914 y 1.915. Se trataban de reacciones de anhídrido
ftálico y glicerina y en algunas se sustituyó parte de
dicho anhídrido ftálico por un ácido monobásico
como por ejemplo ácido butírico, ácido oleico,
etc. Para obtener resinas más flexibles.
De
todas formas, la primera resina sintética producida a gran escala
y comercializada en el mundo fue fabricada por la General Electric Company,
con el nombre de Gliptal, en el año 1917.
En
España, los primeros ensayos con resina sintética se llevaron
a cabo entre los años 1930 y 1940.
La
evolución de dichas resinas ha sido constante hasta nuestros
días, con gran cantidad de modificaciones, pero aún constituyen
la base de gran parte de las pinturas decorativas al disolvente.
En
general, estas resinas están preparadas con disolventes derivados
del petróleo para facilitar su aplicación.